La oración es la experiencia más grata de la vida, pero también una de las luchas más grandes. Usted probablemente ha enfrentado los mismos obstáculos que yo: conseguir tiempo para orar, no tener fuerza, sentirse desconectado de Dios, falta de atención e incapacidad de concentrarse, rendirse cuando la respuesta no llega, o tener dudas de que Dios hará algo. Si hay una lección que podemos aprender de esto, es que tenemos un adversario. Satanás sabe que nuestra victoria y utilidad como cristianos están relacionadas directamente con nuestra vida de oración. Si él puede debilitar esta experiencia, todo lo demás aspectos de nuestra existencia serán también afectados.
Puesto que la oración es una batalla, necesitamos vernos a nosotros mismos como soldados, y entender que nuestro Comandante nos ha dado lo que necesitamos para salir victoriosos. Efesios 6.10-17 nos dice que nos pongamos la armadura de Dios, que nos cubramos con el escudo de la fe, y que resistamos con la espada de su Palabra. Aunque su armadura nos protege de los ataques, Pablo menciona a la oración en el versículo siguiente (v. 18). Cada vez que oramos, necesitamos estar vestidos para la batalla espiritual.

Piense por un momento en todo lo que implica ser un soldado, y en cómo se relaciona eso con la oración. Además de estar vestido para la batalla, un soldado debe ser observador, decidido, perseverante y obediente a las órdenes de su comandante. ¿Describen estas palabras su vida de oración? ¿Está resuelto a orar a pesar de que no sienta el deseo de hacerlo? ¿Persevera aunque sus oraciones no sean respondidas de inmediato? ¿Está leyendo la Palabra de Dios para saber cómo quiere su Comandante que ore?
La próxima vez que se ponga de rodillas, recuerde que está entrando en un campo de batalla. Satanás hará todo lo que pueda para evitar que ore, porque sabe que un cristiano que ora es un peligro para sus planes. Debido a que en el ejército de Dios no hay jubilación, usted estará en esta batalla durante toda su vida, hasta que Dios le lleve al hogar celestial. Por tanto, manténgase firme y nunca se dé por vencido, porque su utilidad y su victoria en Cristo dependen del tiempo que pase con el Señor en oración.

La espiritualidad ha sido siempre un tema importante para los seres humanos. Pero en los últimos años se ha vuelto cada vez más popular, ya que la gente está tras la búsqueda de significado y propósito para sus vidas. Lamentablemente, muchas personas se han conformado con un camino espiritual vago que confirme sus propias creencias, en vez de uno que ha sido construido sobre la verdad —que puede realmente satisfacer los deseos de sus almas. Lo que no entienden es que nunca encontrarán lo que están buscando, a menos que se conviertan a Jesucristo.
Y usted, ¿le ha abierto su corazón al mensaje y a la persona del Señor Jesús? Su andar de fe se mantendrá bloqueado hasta que estas preguntas sean analizadas, ya que solamente Cristo es el camino a una vida plena y abundante (Jn 10.10).
Tal vez usted ha estado asistiendo a la iglesia por un tiempo, pero está comenzando a sentir eso más como una obligación que como algo que aguarda con interés. Si siente que está simplemente haciéndolo por inercia, quiero darle un consejo: nunca deje de buscar a Dios. La palabra buscar implica acción y esfuerzo. Eso significa que una relación con su Padre celestial no ocurrirá por accidente. Se necesitan intencionalidad y comunicación.

Dios quiere que aprendamos más de Él por medio de la lectura, el estudio y la meditación de las Sagradas Escrituras. Sin embargo, también desea que le conozcamos durante el tiempo que apartamos cada día para estar con Él, buscando su compañerismo y su intimidad, tanto como su voluntad.
Cuando nos esforzamos por buscar a Dios, comenzamos a sentir su presencia y a comprender cada vez más cómo trabaja Él en nuestras vidas. Pero debemos reconocer que, si bien tener comunión con Él es la manera más gratificante de invertir nuestro tiempo, también nos dejará anhelando tener más.
Hermano, permítame exhortarle a no dejar que nada se interponga en su camino: busque a Dios con todo su corazón. Cuando lo haga, descubrirá la hermosa paradoja de estar todo el tiempo con hambre del Señor, y a la vez todo el tiempo satisfecho de Él.
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De niños, la mayoría de nosotros nos sentíamos cautivados por la historia del enfrentamiento de David con Goliat. Lo que no sabíamos, es que esta historia nos enseña a guardar nuestras mentes para Cristo.

La mente de usted es hermosa. De hecho, Oswald Chambers la llamó “el regalo más grande que Dios le ha dado”. Hace mucho tiempo, un joven pastor de ovejas llamado David comprendió que esto era cierto, y fue por eso que ningún “filisteo incircunciso” iba a mofarse de él, a tentarlo o amedrentarlo.
El gigante pudo haberse burlado de las tropas del rey Saúl, dejándolas mentalmente derrotadas antes de que comenzara la batalla. Pero las burlas de Goliat no intimidaron a David en lo más mínimo.
¿Se parece esto a su manera de pensar? ¿Siente como si estuviera enfrentado a un ejército de gigantes: lucha contra una fortaleza, la vence, pero aparece otra? ¿Conquista un problema emocional, y encuentra después que otro más grande surge amenazadoramente en su mente, más perverso y angustiante que el último? No es de extrañar que los científicos digan que el cerebro parece un campo minado desnivelado y lleno de cráteres. Es, sin duda, un campo de batalla.

Pero en uno de los relatos de combates más grandes de la Biblia, vemos estrategias espirituales para “lleva[r] cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo” (2 Co 10.5), y salir victoriosos. De hecho, muchos teólogos dicen que David “representa” a Cristo en esta estupenda confrontación, al ganar para otros la libertad mental y de la muerte que ellos jamás podrían lograr ganar por sí mismos.
LEA 1 Samuel 17
Lo primero que debemos entender, es que David no peleó desarmado. Al igual que Cristo, Él vino ungido al encuentro. Y nosotros, también (1 Jn 2.27). Esta es la razón por la que no tenemos que librar solos las batallas de la mente, utilizando las armas del mundo. Podemos dejar que el Señor salga a luchar por nosotros cuando entendemos quién es Él, y quiénes somos nosotros en Él (Col 2.9, 10).
Esta misma percepción preparó a David para el enfrentamiento. Goliat había ridiculizado a los israelitas, pero el futuro rey reprendió a esas trampas mentales. Él preguntó: “¿Quién es este filisteo pagano, que se le permite que desafíe a los ejércitos del Dios vivo?” (1 S 17.26 LBAD) De esta manera, David manifestó claramente que cualquier gigante escarnecedor —cualquier trampa mental o problema emocional— deshonra a Dios. En vez de doblegarse ante ese pensamiento, tenemos que tildarlo de lo que es: No cierto. No santo. No sabio. No útil.
Detenerse a reflexionar para examinar a los “gigantes” que hay en nuestros pensamientos, reduce su importancia. Por ejemplo, podemos estar lidiando con un viejo enemigo como la envidia, pero, en vez de ceder, podemos reemplazar ese pensamiento con su triunfante verdad, y decir: “Soy un hijo ungido de Dios. No tengo ninguna razón ni tiempo para estar envidioso”. Después, al igual que David, entreguemos ese enemigo a Cristo: “Porque de Jehová es la batalla, y él [os] entregará en nuestras manos” (v. 47).
La historia de David nos enseña que no debemos jugar con los pensamientos que nos atacan. Por el contrario, debemos enfrentarlos con valentía, alabando a Dios.
El apóstol Pablo nos da otra alternativa en Filipenses 4.8: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Si hacemos esto, descubriremos que nuestros gigantes se han debilitado, y finalmente habrán muerto y desaparecido.
REFLEXIONE Y EXPLORE
• En la batalla por Jericó, Josué se valió de la fe para destruir a sus enemigos.
Lea Josué 6.1-5. ¿Por qué cree usted que la fe y la obediencia nos preparan para enfrentar los ataques?
• ¿Qué tal si su fe es débil? La profetisa Débora llamó a la guerra contra Sísara, el despiadado general cananeo, pero designó a Barac —un líder temeroso y poco dispuesto— para que la librara.
Lea Jueces 4.4-16. Aunque usted se sienta inseguro para la batalla, ¿por qué debe ir a la guerra, de todos modos? Explique su respuesta.
• El sabio rey Josafat fue a la batalla, liderada solamente por adoradores que cantaban alabanzas.
Lea 2 Crónicas 20.20-24. ¿Por qué alabar a Dios disuelve y derrota las trampas contra la mente?
• Gedeón derrotó las hordas madianitas con apenas 300 guerreros, cada uno de los cuales llevaba solamente una trompeta y un cántaro de barro que contenía una antorcha encendida.
Lea Jueces 7.16-21. Imagine que usted es un vaso de arcilla para Dios (Is, 64.8). ¿Qué fuentes de luz se necesitan, de modo que brillen en su vida para que el Señor aleje los peores tormentos de su mente?
RESPONDA
Conteste las siguientes preguntas, y ponga por escrito sus pensamientos, si es posible.
• ¿Qué le está diciendo Dios a usted por medio de su estudio hoy?
• ¿Qué preguntas tiene en cuanto a lo que ha aprendido? Pídale al Señor que le dé una mayor comprensión por medio de la oración y estudio de la Palabra, y que le ayude a ver lo que Él le muestre en los próximos días.